Meditando para crecer

Cada vez es más frecuente en Occidente que las personas realicen prácticas de meditación. Esto es debido a que la rapidez de nuestras vidas nos impide tener momentos de tranquilidad y vacío. Hoy en día buscamos a través de la meditación esa paz interior. 

Todos los tipos de meditación tienen un punto en común: la vivencia de expansión y totalidad. Concentrarse en un punto, da fuerza a la atención plena. Y justamente ese "darse cuenta", a tiempo de algo, sería lo que podría tarde o temprano evitar la toma de decisiones sin el debido discernimiento.

La atención a voluntad es una facultad de gran importancia, porque se reproduce en la mente las cualidades de aquello a lo que atendemos. Por ejemplo, si nos enojamos con una persona y aumentamos dicho estado mental tenderemos a que el enojo se magnifique, si por lo contrario lo pensamos con una sonrisa sentiremos ese estado mental contrario.

Las personas que meditan entrenan la atención consciente de puntos a voluntad y no se dejan manipular por pensamientos innecesarios.

Por otro lado la meditación acelera el proceso evolutivo del ser humano porque dinamiza el autodescubrimiento y su progresivo despertar. Y ese concepto de despertar es llegar a sentir la identidad esencial o infinita que somos.

También la meditación nos ayuda en el proceso de descondicionamiento de la mente reactiva, aportando consciencia a las verdaderas raíces de las acciones en muchos casos compulsivas e inesperadas, que determinan conductas repetitivas con consecuencias no deseadas.

Se podría decir que en esta sociedad el ser humano desconectado de su propio ser interior vive huyendo o evadiendo la autenticidad interior.

Dentro de los beneficios del meditador están: un notable aumento de serenidad y sensibilidad en la vida cotidiana, un incremento en la empatía hacía los demás, un mayor anclaje de la consciencia en la propia interiorización y una activación de lucidez mental

El solo hecho de abrir la consciencia a niveles más profundos, el practicante desbloquea determinados aspectos del inconsciente y en consecuencia, se disuelven las bolsas emocionales no resueltas. Se tratan de bolsas emocionales de material reprimido que no pueden aflorar a la consciencia y que tienden a expresarse a través de emociones destructivas como lo pueden ser la ira, el miedo, la avidez, la aversión, la ansiedad, la hostilidad, los celos, etc.

En el plano bioquímico se observa una reducción de los niveles de lactato y de la hormona cortisol en sangre que intervienen en la respuesta al estrés, así como una agudización de la percepción y de las habilidades de autocontrol de la conducta.

Por Morella Martinez